¡Hoy cumplo 32 años! Pero este año, es un cumpleaños totalmente diferente, al igual que yo.

Hoy me gustaría compartir con vosotros algo que descubrí poco tiempo antes de crear el blog, mis pensamientos sobre lo que realmente importa. Aquello que hace que, incluso sin pretenderlo, todo cambie, todo mejore y se transforme.

 La frase que forma parte del blog desde su inicio es:

“vivir en armonía con la naturaleza nos hace libres”

Y no por cualquier cosa la escribí. Para mí, tiene un significado más profundo de lo que parece. Así que te cuento una historia…

Cuando era pequeña vivimos épocas duras, materialmente hablando. Sin embargo y a pesar de esto, vivíamos en un lugar en el que estábamos en constante contacto con la naturaleza. Mis hermanos y yo nos pasábamos el día jugando en los campos de la zona. Recuerdo esos años cómo los años más felices de mi vida.

Años más tarde nos fuimos a vivir a un piso donde no podíamos salir porque estábamos a pie de carretera donde transitaban los coches. Y ahí empezó todo… ahí empezó mi desconexión con la naturaleza…

Dejé de tocar la tierra, de saltar bajo la lluvia, de correr por los campos e imitar a los saltamontes. Dejé de ver flores y mariposas y olvidé el olor de la primavera.

Empecé a formar parte del sistema, ese que te hace pensar que lo material es lo más importante para ser feliz. A veces me sentí vacía y pobre interiormente. Pocas veces volví a mirar un árbol, o fijarme en los pájaros. Tampoco volví a pasear ni a disfrutar por un entorno natural muchas veces más.

Pasaron los años, muchos años… Encontré mi camino, mi felicidad, mi motivo para dar gracias cada día… Y que curioso… cada vez que sentía agradecimiento me sentía llena, me sentía plena.

Y poco a poco volví a estar en contacto con la naturaleza… Y que curioso… que cada vez que estaba en medio de la naturaleza y respiraba, me sentía intensamente viva y agradecida.

Y entonces me di cuenta que en el agradecimiento y la naturaleza estaba nuestra felicidad y también la clave de todo. ¿Cómo amar la Tierra si no la tocaba, si no la sentía?  ¿Cómo respetarla? ¿Cómo entenderla? Cómo ser agradecida con ella si ya ni recordaba quién era?

Pero todo esto no lo he sabido hasta que, con mis hijos, he vuelto a tocar la tierra, a saltar bajo la lluvia, a correr por los campos e imitar a los saltamontes. No lo he sabido hasta que he vuelto a ver flores y mariposas y hasta que por fin volvió a mí el recuerdo del olor de la primavera…

Siento que he cambiado tanto en tan poco tiempo, que probablemente ni la gente que ha formado parte de mi vida, pueda reconocerme ahora. Ya no soy yo, y a la misma vez, soy más yo que nunca, más auténtica…
Siento que he encontrado una parte de mí misma que estaba perdida.

Lo que enseñamos a las futuras generaciones

Algo te conté aquí cuando echaba la vista atrás, a un pasado no muy lejano, donde las personas no vivían en la abundancia, pero si en armonía y constante contacto con la naturaleza. Ellos ya conocían el secreto de la felicidad, de la longevidad… Ellos no conocían el vacío interior y ya sabían lo que realmente importa.

Y dentro de lo que de verdad importa añadiría la importancia de reeducarnos medio ambientalmente, haciéndonos las mismas preguntas respecto a las futuras generaciones ¿Cómo amarán la Tierra si no la tocan, si no la sienten, si no saben quien es…?

No hace falta ser padre o madre, porque la responsabilidad del futuro es nuestra, y en nuestro deber está el auto-inculcarnos valores y respeto hacia todo cuanto existe. El mundo nos observa, somos un ejemplo a seguir para todo el que nos mira, aunque no lo sepan, ni tu ni ellos. El ser humano imita actitudes comunes inconscientemente, de ahí nuestra responsabilidad de hacer las cosas lo mejor posible. Ya no se trata de que los niños no sepan de donde viene una lechuga, se trata de que no olviden de donde vienen ellos.

El ser humano forma parte de la Tierra, nadie sobra. Todos los seres vivos somos parte de un gran puzzle, todos somos piezas con cortes y formas diferentes pero todos tenemos el mismo peso y la misma importancia dentro de ese puzzle. Comprender la importancia de auto-cultivar y auto-inculcar valores como el agradecimiento y el respeto hacia todo y hacia todos, entendiendo el papel fundamental que juega cada ser, nos abrirá muchas puertas.

Y aunque yo ya lo había olvidado, espero no olvidarlo nunca más…


Hoy volveré a la ciudad como cada día, al ritmo vertiginoso que la invade, y esperaré con ansias encontrarme otra vez, con ese momento de conexión con la naturaleza, aunque sólo sea a través de mi ventana…

Y si alguien me pregunta que es lo que de verdad importa, yo lo tengo claro, lo que de verdad importa es estar agradecidos y conectados a la naturaleza, vivir en armonía con todos los seres y en contacto real con la gente que quieres. Lo que realmente importa es VIVIR.

A mi familia y a mis amigos que forman parte de mi naturaleza. A todos vosotros, los que leéis, que formáis parte de la esencia de la vida

¡Feliz día, feliz vida!

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